Compartí esta nota
Cuando el frío se instala, lo primero que hacemos es buscar bebidas calientes y a la par, dejamos de prestar atención a la hidratación. Un buen café, un té o unos mates son la compañía perfecta, pero en esa rutina solemos dejar de lado a la protagonista indiscutida de la salud: el agua.
En invierno, la sensación de sed disminuye muchísimo, sin embargo, el organismo sigue necesitando líquidos para cumplir ciertas funciones esenciales como: regular tu temperatura corporal, transportar nutrientes, eliminar desechos y mantener el funcionamiento adecuado de órganos y tejidos. Hoy te contamos por qué no tenés que descuidar tu hidratación en los meses más fríos y cómo lograrlo.
¿Por qué sentimos menos sed en invierno? 🥶
Es fácil entender por qué necesitamos agua en pleno verano, pero en invierno hay factores "invisibles" que favorecen la pérdida de agua sin que nos demos cuenta:
-
La calefacción: los ambientes cerrados y muy calefaccionados resecan el aire. Esto puede hacer que perdamos humedad a través de la piel y la respiración.
-
Menor percepción de necesidad: las bajas temperaturas hacen que los vasos sanguíneos se contraigan para conservar el calor. Al no transpirar tanto como en verano, muchas personas tienden a creer que no necesitan reponer líquidos, pero el organismo sigue necesitándolos.
-
El vapor al respirar: ¿viste cuando salís a la calle con frío y sale "humito" de tu boca? Esa es agua de tu cuerpo que se está evaporando en el aire seco.
Señales que pueden indicar una hidratación insuficiente 💧
Como no vas a sentir esa sed desesperante del verano, tenés que prestarle atención a otras señales que te da el organismo cuando le falta líquido:
-
Piel seca, tirante o escamada.
-
Boca seca.
-
Labios agrietados.
-
Dolor de cabeza leve pero constante.
-
Cansancio o falta de concentración durante el día.
-
Orina de color amarillo oscuro y en menor cantidad (el indicador más claro de todos).
Si estos síntomas persisten o son intensos, es importante consultar con un profesional de la salud.
Trucos para mantenernos hidratados durante el invierno☕
Si tomarte un vaso de agua fría en pleno junio te da escalofríos, no te preocupes. Hay muchas formas de sumar líquidos a tu día a día:
-
Tener agua disponible: evitá el agua de la heladera. Tené siempre una botella a mano en tu escritorio o en la mesa, pero dejala a temperatura ambiente para que sea más fácil de tomar.
-
Elegir el agua como bebida principal y complementar con otras: las infusiones, el mate, el té y el café aportan líquido, pero no reemplazan al agua pura, que sigue siendo la mejor opción para una hidratación correcta. Disfrutalos, pero intercalalos con vasos de agua.
-
Incorporar sopas y caldos: son los reyes del invierno. Una buena sopa de verduras casera no solo te calienta el cuerpo, sino que te aporta una gran cantidad de agua y nutrientes.
-
Consumir frutas y verduras de estación: cítricos como naranjas, pomelos, peras o mandarinas, y vegetales como acelga, espinaca y zapallo también son una excelente forma de "comer" agua.
-
Crear rutinas: tomar agua al levantarte, durante las comidas o en pausas de la jornada puede ayudar a sostener una hidratación adecuada sin depender de la sensación de sed.
¿Cuánta agua necesitamos? 🧐
Las necesidades de hidratación varían según la edad, el nivel de actividad física, el estado de salud y las condiciones ambientales. Como referencia general, los adultos suelen necesitar alrededor de 2 a 2,5 litros de líquidos por día provenientes de bebidas y alimentos. Sin embargo, algunas personas pueden requerir cantidades mayores o menores según sus características y condiciones de salud.
Tomar agua de forma regular, consumir frutas y verduras, incorporar sopas y mantener hábitos saludables son estrategias simples que ayudan a cuidar la salud durante los meses más fríos del año.