Son dos de las palabras que más se escuchan cuando hablamos de la vista, y también dos de las que más se confunden. Tienen algo en común: en los ambos casos, la luz no se enfoca correctamente sobre la retina. Pero las causas, las características y el resultado que producen son bien distintos. 👓
Dos estructuras del ojo se encargan de que veamos nítido. La córnea, que es la superficie transparente que recubre la parte delantera del ojo, y el cristalino, una lente natural también transparente, ubicada en su interior. Las dos curvan la luz que entra y la dirigen hacia la retina, en el fondo del ojo. Ahí la luz se convierte en señales que viajan al cerebro y nos permiten ver.
Cuando la forma de esas partes —o la del ojo entero— hacen que la luz no se enfoquebien sobre la retina, aparece lo que se llama un error de refracción. La miopía y el astigmatismo son dos de ellos.
En la miopía, los objetos cercanos suelen verse con claridad y los lejanos se ven borrosos. Esto ocurre porque la luz se enfoca antes de llegar a la retina, en lugar de hacerlo justo sobre ella.
El motivo más habitual es que el ojo sea más largo de lo esperado, con una forma más ovalada que redonda. También puede ocurrir cuando la curva de la córnea es demasiado pronunciada y concentra la luz con demasiada potencia.
La miopía suele aparecer durante la infancia y la adolescencia, progresando durante esos años y estabilizándose generalmente entre los 20 y los 40 años. Pero su evolución varía de una persona a otra. También tiene un componente hereditario: si alguno de los padres tiene miopía, las probabilidades de desarrollarla aumentan.
Entre los factores que se asocian a la miopía también aparecen las actividades prolongadas de visión cercana, el tiempo frente a pantallas durante la infancia y pasar poco tiempo al aire libre.
Acá el problema es otro. En un ojo con astigmatismo, la córnea o el cristalino tienen curvas desparejas. En lugar de una curvatura redonda y uniforme —como la superficie de una pelota—, la forma se parece más a la de un huevo.
El resultado es que la luz no se enfoca en un único punto sobre la retina. Esto puede hacer que se formen dos imágenes en lugar de una. Esas imágenes se superponen y los objetos se ven borrosos o distorsionados. La intensidad de los síntomas dependerá del grado de astigmatismo y de si está acompañado por otro error de refracción. Y a diferencia de la miopía, acá lo borroso aparece tanto de lejos como de cerca.
El astigmatismo suele estar presente desde el nacimiento, aunque también puede desarrollarse después de una lesión, una enfermedad o una cirugía ocular. Muchas veces es tan leve que no requiere corrección.
Miopía: se ve bien de cerca y borroso de lejos.
Astigmatismo: se ve borroso o distorsionado a cualquier distancia.
Y hay un tercer error de refracción que completa el cuadro: la hipermetropía, donde el globo ocular es más corto de lo habitual o la córnea tiene muy poca curvatura. Según el grado y la capacidad de enfoque de cada persona, puede generar dificultad para ver de cerca, y en algunos casos, también de lejos.
La miopía, el astigmatismo y la hipermetropía son condiciones frecuentes y conocidas, aunque no se manifiestan de la misma manera en todas las personas. Un control oftalmológico permite identificar qué ocurre y saber si es necesario hacer algún tipo de corrección. 👓