El termómetro de la temperatura sigue bajando, vuelve a sonar esa frase que todos escuchamos alguna vez al salir de casa: "¡Ponete una bufanda que te vas a enfermar!". Pero, ¿qué tan cierto es esto? ¿Realmente un cuello desabrigado es la puerta de entrada a las infecciones respiratorias?
Hoy te contamos qué dice la ciencia sobre esta costumbre tan arraigada y cuáles son las verdaderas medidas que tenés que tomar para no caer en cama esta temporada.
Para empezar a desarmar este mito, hay que aclarar algo fundamental: el frío por sí solo no causa infecciones respiratorias. Los verdaderos responsables de los resfríos, la gripe o la faringitis son los virus y las bacterias que circulan con mayor frecuencia durante los meses de otoño e invierno.
Entonces, ¿la bufanda sirve o no? La respuesta tiene algunos matices.
Lo que ocurre en invierno es que, al bajar las temperaturas, solemos pasar mucho más tiempo en espacios cerrados con poca ventilación y mayor cercanía entre personas. Esto facilita la transmisión de virus respiratorios como: influenza (gripe); rinovirus (resfrío común); virus sincicial respiratorio (VSR); coronavirus y otros. Entonces, no es que te enfermás por salir a la calle sin bufanda, sino por respirar el mismo aire no renovado donde alguien tosió o estornudó.
Ahora bien, el verdadero truco no está en abrigarse solo el cuello, sino en usar esa bufanda para cubrirte la nariz y la boca. Esto sí tiene un beneficio real que va más allá de mantener el calor.
Nuestras vías respiratorias funcionan como una barrera de defensa natural compuesto por mucosidad y unos pelitos microscópicos (llamados cilios) que ayudan a filtrar partículas y microorganismos. Cuando respirás aire muy frío y seco de golpe, este sistema puede "paralizarse" temporalmente y entonces se resecan las mucosas, lo que le deja el camino un poco más fácil a los virus para entrar. También puede aumentar la irritación en la garganta y nariz y disminuir esa capacidad de eliminar partículas y virus. Es por eso que, aunque el frío no “genere” un resfrío, sí puede favorecer condiciones que faciliten las infecciones respiratorias.
Usar la bufanda para cubrirte la nariz y la boca ayuda a calentar y humidificar el aire antes de que llegue a tus pulmones, protegiendo esa barrera natural.
Si querés pasar el invierno lejos de los pañuelos descartables, más allá del abrigo, las principales estrategias de prevención siguen siendo:
Ventilá los ambientes todos los días: abrí puertas y ventanas al menos 15 minutos diarios para renovar el aire y lograr una ventilación cruzada, incluso si hace mucho frío.
Lavate las manos: es la barrera más efectiva. Usá agua y jabón al llegar de la calle; después de toser, estornudar o sonarte la nariz; antes de comer y después de ir al baño. Podés conocer más en nuestra nota Lavado de manos: un hábito que te protege más de lo que creés.
Mantené tu esquema de vacunación al día: especialmente la vacuna antigripal y contra el neumococo si estás dentro de los grupos de riesgo o según la indicación de tu médico. Conocé más de la vacuna antigripal en esta nota Campaña de Vacunación Antigripal 2026.
Cubrite al toser o estornudar: usá siempre el pliegue del codo en lugar de las manos para evitar esparcir los gérmenes en las superficies.
No compartas vasos o utensilios: esto ayuda a reducir la transmisión de virus respiratorios.
Si tenés síntomas, evitá asistir a actividades: quedarte en tu casa cuando tenés fiebre o síntomas respiratorios ayuda a disminuir contagios en los espacios compartidos.
Recordá: El frío no causa resfríos por sí mismo, las infecciones son provocadas por virus y bacterias. Abrigarte el cuello, tapando la boca y nariz, además de mantenerte cómodo/a frente a las bajas temperaturas, puede ayudar a proteger tus barreras naturales. Pero la prevención más efectiva pasa por la higiene de manos, la vacunación y mantener los ambientes bien ventilados.