¿Te pasó que un mal movimiento te dejó fuera de juego? Ya sea por un mal apoyo durante un partido de fútbol o por esa molestia que aparece después de entrenar. En la práctica deportiva o incluso en la rutina diaria, las lesiones musculares y articulares son frecuentes. Sin embargo, no todas las molestias requieren el mismo abordaje. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este tipo de lesiones están dentro de las principales causas de limitación física a nivel global. Identificar correctamente si se trata de una tendinitis o un esguince es el primer paso para elegir el tratamiento adecuado y favorecer una recuperación efectiva.
Aunque ambas pueden causan dolor e inflamación, afectan estructuras diferentes del cuerpo:
Tendinitis: es la inflamación o la irritación de un tendón, que es el cordón fibroso que une el músculo con el hueso. Suele producirse por movimientos repetitivos a lo largo del tiempo, sobrecarga o uso excesivo.
Esguince: es el estiramiento o desgarro de los ligamentos, las bandas resistentes de tejido fibroso que conectan dos huesos en las articulaciones. El caso más común es el de tobillo, generalmente provocado por un movimiento brusco, una torcedura o una caída.
Para distinguir estas afecciones, es importante observar cómo y dónde se manifiesta el dolor:
Origen del dolor: la tendinitis se siente como un dolor sordo y persistente que aparece durante o después de la actividad y que empeora al mover la articulación afectada. El esguince, en cambio, suele presentar un dolor agudo e inmediato tras un traumatismo.
Inflamación y hematomas: los esguinces suelen estar acompañados de hinchazón rápida y, en muchos casos, de moretones (equimosis). En la tendinitis, la inflamación es más localizada y menos evidente a simple vista.
Localización: la tendinitis es frecuente en hombros, codos (el famoso "codo de tenista"), muñecas, rodilla y talones (Aquiles). Los esguinces ocurren mayormente en tobillos, rodillas y muñecas debido a torceduras.
Limitación funcional: la tendinitis molesta al moverse o cargar peso, mientras que el esguince puede dificultar o impedir el movimiento o apoyo desde el inicio.
Existen situaciones que predisponen a sufrir este tipo de lesiones:
Edad: con el paso de los años, los tendones se vuelven menos flexibles, lo que facilita la aparición de tendinitis.
Deportes de impacto: actividades que implican saltos, giros bruscos o movimientos repetitivos (como el running o el pádel) aumentan el riesgo de ambas lesiones. También la falta de calentamiento previo.
Calzado inadecuado: el uso de zapatillas que no brindan el soporte necesario es una causa común de esguinces.
El objetivo principal es reducir la inflamación y permitir que el tejido se repare correctamente. El abordaje integral suele incluir:
Prevención: realizar un calentamiento adecuado antes de entrenar y respetar los tiempos de descanso son medidas clave para proteger las articulaciones.
Método RICE: por sus siglas en inglés, consiste en reposo relativo (evitar actividades que generen dolor), hielo, compresión y elevación de la zona afectada durante las primeras 48 horas.
Medicamentos: el uso de antiinflamatorios indicados por un profesional ayuda a gestionar el dolor en la etapa aguda.
Kinesiología: luego de la etapa aguda, realizar ejercicios de fortalecimiento y flexibilidad guiados es fundamental para recuperar movilidad, fuerza y evitar que la lesión se vuelva crónica o se repita.
No dejes pasar el dolor: identificar la lesión a tiempo marca la diferencia. Recibir asesoramiento profesional desde el principio te ayuda a entender qué necesita tu cuerpo para recuperarse y puedas retomar tus actividades cuanto antes.