En los últimos años se habla cada vez más del SIBO (sobrecrecimiento bacteriano intestinal). Y aunque tener más información es clave para encontrar respuestas a antiguos malestares, existe un riesgo: es muy fácil confundir sus síntomas con los de otras condiciones crónicas, como la enfermedad celíaca.
La distensión abdominal, los gases o el dolor recurrente no es algo a lo que te tengas que acostumbrar. Hoy te contamos cuáles son las diferencias clave entre el SIBO y la celiaquía para que sepas cómo actuar y llegar al diagnóstico correcto. Identificar la causa es clave para recibir el tratamiento adecuado. 👇
Sus siglas en inglés significan "Small Intestinal Bacterial Overgrowth”, es decir, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Para entenderlo fácil: en condiciones normales, nuestro intestino grueso aloja millones de bacterias buenas que nos ayudan a digerir. El problema del SIBO ocurre cuando esas bacterias se mudan al intestino delgado (donde no deberían estar en grandes cantidades) o crecen de forma desproporcionada.
Los síntomas suelen aparecer o empeorar tras comer ciertos carbohidratos fermentables (FODMAPs), ya que estas bacterias los fermentan rápidamente, generando una cantidad excesiva de gas. Esto provoca distensión abdominal (esa sensación típica de inflamación en el abdomen), gases, dolor o molestias digestivas, pesadez y alteraciones en el tránsito intestinal como diarrea, constipación o alternancia de ambas.
La enfermedad celíaca es una condición crónica en la que el sistema autoinmune reacciona al consumo de gluten (una proteína presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno) desencadena una respuesta del sistema de defensas que ataca y daña el revestimiento del intestino delgado.
Los síntomas digestivos son casi calcados a los del SIBO: inflamación, diarrea, constipación o dolor. Sin embargo, como te contamos en nuestra nota sobre las señales de alerta de la celiaquía, esta enfermedad también puede manifestarse con síntomas que no tienen nada que ver con el estómago, como fatiga extrema, pérdida de peso, caída de cabello, anemia o aftas en la boca.
Aunque parezcan lo mismo, ya que los síntomas pueden superponerse, médicamente son mundos distintos:
El origen: El SIBO es un desequilibrio bacteriano temporal. La celiaquía es una enfermedad autoinmune y crónica.
El detonante: En la celiaquía el enemigo claro es el gluten (TACC). En el SIBO, los síntomas suelen dispararse al consumir carbohidratos fermentables, conocidos como FODMAPs (presentes en muchas frutas, verduras, lácteos y legumbres).
El diagnóstico: El SIBO se detecta mediante un test de aire espirado. La celiaquía requiere análisis de sangre (anticuerpos específicos) y se confirma mediante una endoscopia con biopsia.
El tratamiento: El SIBO suele tratarse con antibióticos específicos y una dieta individualizada y temporal indicada por un profesional. La celiaquía tiene un único tratamiento: una dieta estricta libre de gluten de por vida (buscando siempre el logo oficial de ANMAT).
El error más común frente al malestar constante es dejar las harinas por cuenta propia. ¡No lo hagas! Esto puede dificultar o retrasar el diagnóstico correcto. Si eliminás el gluten antes de hacerte los estudios médicos, los análisis para detectar celiaquía pueden dar falsos negativos. Además, una persona podría tener ambas condiciones al mismo tiempo, por lo que la evaluación médica es indispensable.
Vivir con dolor o incomodidad no es normal. Escuchar a tu cuerpo y consultar a un especialista en gastroenterología es el primer paso para llegar al diagnóstico correcto y recuperar tu bienestar.