Con la llegada de los primeros fríos, empezamos a prender las estufas, calefactores y otros equipos para climatizar los ambientes. Pero junto con ese calorcito hogareño tan lindo, vuelve un riesgo que no se ve ni se huele: el monóxido de carbono.
Seguro ya escuchaste hablar de la prevención, por eso queremos derribar esas creencias populares que pueden generar una sensación de falsa seguridad, poniéndote en riesgo a vos y a tu familia.
El monóxido de carbono es un gas incoloro, inodoro y no irritante, que se produce por la combustión incompleta de materiales como gas, leña, carbón o kerosene. Puede acumularse en ambientes cerrados y causar intoxicaciones graves.
Falso. Este es el error más común. El monóxido de carbono (CO) es un gas totalmente inodoro, invisible y no irrita los ojos ni la nariz. Por eso se lo llama el "enemigo silencioso". Si sentís olor a gas, es una fuga de gas natural (que sí está odorizado). El CO se genera por una mala combustión y no se detecta por los sentidos.
Falso. Aunque la ventilación es súper importante, una rendija pequeña puede no ser suficiente si el artefacto está funcionando muy mal y liberando altas concentraciones de monóxido. La regla de oro es que todos los equipos a gas (estufas, termotanques, calderas) sean revisados una vez al año por un gasista matriculado.
Falso. ¡Nunca lo hagas! Las hornallas y los hornos están diseñados para cocinar, no para calefaccionar. Consumen muchísimo oxígeno del ambiente y son una de las principales fuentes de intoxicación si se usan para calentar la cocina o el comedor.
Falso. Los primeros síntomas de intoxicación son muy parecidos a los de una gripe: dolor de cabeza fuerte, mareos, náuseas y debilidad o somnolencia. Si notás que estos síntomas aparecen cuando estás en casa con la estufa prendida y mejoran al salir al aire libre: ¡alerta roja! Si querés repasar en detalle todos los síntomas y las formas de prevención, te invitamos a leer nuestra nota sobre el enemigo silencioso: el monóxido de carbono.
Para prevenir intoxicaciones, es fundamental incorporar algunos hábitos:
Verificá que la llama siempre sea azul: Si está naranja o amarilla, apagá la estufa y llamá a un especialista.
Ventilación cruzada: Asegurate de tener circulación de aire constante en los ambientes que estás calefaccionando. No obstruyas las rejillas de ventilación.
Revisá los artefactos a gas: una vez al año, con un gasista matriculado. Considerá la instalación de detectores de monóxido de carbono.
Cero braseros adentro: Si usás braseros o estufas a leña, nunca los dejes encendidos en los dormitorios o al dormir.
Ventilá el ambiente de inmediato.
Salí al aire libre.
Apagá los artefactos si es posible hacerlo de forma segura.
Consultá de urgencia o acudí a una guardia médica.
Disfrutar del calorcito en casa es un placer, siempre que se haga de forma segura y responsable. No confiar en mitos, mantener los equipos en buen estado y ventilar los ambientes son medidas clave para evitar intoxicaciones.